El último verano

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Cuando llega la época de los cursos de verano uno tiene dos opciones: o agarras las vacaciones o te metes en el papel de enfermo mental y esclavo y decides sacrificar esas gloriosas vacaciones. Recuerdo que después de mi primer semestre -tiempos aquellos en los que apenas se estaba descubriendo la televisión a color- decidí no hacer verano porque había salido recontra violado. En ese entonces, había pasado solamente las materias que no tenían que ver con números y aunque tenía la posibilidad de nivelarme con el verano que venía, el emo dentro de mí fue más fuerte y preferí sucumbir ante la tristeza y la apatía. Al final, los amigos que tanto me había costado hacer lograron nivelarse con el verano y me dejaron tirado en las cloacas. Fue ahí cuando me arrepentí con todo mi corazón de no haberme inscrito en ese fucking verano, y el remordimiento fue aun peor cuando comencé el siguiente semestre y me di cuenta que estaba más frío que el agua que usan para el ice bucket challenge.

Desde ese entonces decidí que era mejor ser esclavo y enfermo mental que disfrutar de unas paradisiacas vacaciones.

Es en serio.

Ahora que hago memoria y cuenta de todos los veranos que he hecho he llegado a la conclusión de que siempre logré aprobarlos todos… bueno, hubo solamente UNO solo en el que la cagué y me quedó Análisis II, y hubiese sido mejor agarrar las exóticas vacaciones, pero mejor no recordemos esa mierda y sigamos adelante.

Este verano fue el más especial de todos porque tuvo sabor a final, a ciclos que finalmente comienzan a cerrarse. Me tocó cursar la última electiva de la carrera y haciéndole honor a mi cuasi intachable trayectoria veranística, aprobé esa vaina y de paso con una buena calificación para que vean que ya no ando jugando carrito, aunque eso lo deberían saber desde hace tiempo.

Ya saben el final por anticipado de esta historia, pero no se vayan aún, mejor búsquense una birra, o un whiskacho para aquellos con gustos más exigentes, o un refresco para aquellos lectores que han sabido no caer en las endemoniadas garras del alcohol.

Comencemos por el principio, como tiene que ser.

Esta historia comienza con una confesión: a pesar de que hace tiempo había decidido ser enfermo mental y esclavo, esta vez estuve a punto de agarrar las vacaciones de ensueño. Pero, déjense de vainas, cuando uno tiene arraigada en la mente la esclavitud y los delirios causados por estudiar ingeniería, pues no hay escapatoria señores.

Tenía que decidir entre Computación II e Ingeniería Económica, pero recuerdo que cuando intenté ver Económica, la mamagueva profesora que me tocó pretendía que yo fuera a una clínica a averiguar precios del personal para el proyecto y de vaina no me pidió que construyera una clínica también, aparte de que no explicaba una mierda pues. Lo cierto es que Compu II fue la elegida y al final me salió bien la jugada.

Un pana me convenció de echarle bolas juntos pero como yo siempre tengo que pasar roncha obligadamente (es una vaina fija, de pana), a él no le asignaron la materia y a mi sí, entonces me tocó lanzarme ese paquetazo yo solo.

Recuerdo que cuando yo vi Computación I –época en la que en Alemania estaban tumbando el muro de Berlín- a mí me fue del carajo y fue una materia que me gustó mucho, tanto así que cuando hice mi proyecto final yo me creía el próximo Steve Jobs. Sin embargo, al principio pasé roncha que jode y no entendía un coño. Esa materia es considerada como un filtro (al igual que el 99,9% de las materias del básico) y es por eso que hay gente que la odia con toda su alma, pero a mí no me gusta odiar, yo prefiero amar.

En un principio parecía una locura ver Compu II tomando en cuenta que Compu I la había visto hace 50 años. De hecho, mucha gente me tildó de drogadicto y lunático cuando les dije que iba a ver Compu II, sin embargo, ya la materia estaba inscrita y tenía que cursarla.

Cuando comencé el primer día me tocó con un tipo que de pana explicaba pésimo y todo caliguevoso y me preocupé porque veía a mi alrededor que todo el mundo estaba activo (algo lógico porque para las otras escuelas la materia es obligatoria y la ven seguido de Compu I), y yo apenas recordaba como declarar una variable. Al día siguiente me conseguí a un pana y cuando le dije quién me estaba dando clases el carajo comenzó a convulsionar y la cabeza comenzó a darle vueltas, y de repente vomitó una sustancia verdosa y…

Para resumir el cuento el pana me dijo que ese tipo era “una basura, es una plasta de mierda, huye mientras puedas…” y sus palabras resonaron aún más cuando recordé que en los veranos no se permiten cambios.

nooooooo¿Por qué siempre tengo que pasar roncha?

Ese día comencé a entrar con la otra profesora.

Siempre había escuchado muy buenos comentarios de ella, y recuerdo que cuando vi Compu I a pesar de que no me daba clases, ella siempre le mandaba correos a todos los alumnos, de todas las secciones, aclarando dudas y avisándonos cualquier novedad. Ese día que entré con ella, de pana que fue tipo película: la mente se me iluminó, comencé a recordar todo, su manera de explicar me pareció demasiado brutal, me pareció lo máximo.

Las leyendas eran ciertas.

Al final de la clase me acerqué a ella y le dije que estaba haciendo pasantías en la tarde (era mentira pero fue la única excusa convincente que se me ocurrió) y que me chocaba con el horario del profesor y le pedí que me dejara entrar con ella. No la noté muy convencida con mi argumento chueco, pero luego de unos segundos me dijo “siento que me voy a arrepentir, pero está bien, yo te hago el cambio”, y en ese momento respiré completamente aliviado y estuve a punto de decirle que la amaba.

En esa primera semana yo salía de clases entendiendo todo al pelo, pero cuando me ponía a practicar me enredaba estúpidamente, y cuando intentaba correr los ejercicios en Visual Basic siempre me daba algún error. De hecho la primera tarea que nos mandaron me puse a hacerla y me frustré todo porque no lograba que me corriera bien. Era en pareja pero yo no conocía a nadie y me tocó hacerla solo. Eso fue un domingo que Candy 66 vino a Valencia a tocar en el festival de la Montes de Oca, y preferí ahogar mis penas viendo a Candy 66 que sentado inútilmente frente a una computadora.

Al día siguiente tenía que entregar la tarea y cuando llegué a clases el aula virtual no servía y por eso la profesora nos dio chance de entregársela hasta la medianoche y de pana estuve a punto de decirle que se casara conmigo.

En ese momento, un chamo que llegó tarde se sentó a mi lado, y me di cuenta que el carajo había hecho la tarea y que le corrió perfecto. Me puse a explicarle lo que nos había dicho la profesora y cómo teníamos que hacer para enviarle la tarea a su correo y le pedí que me echara una ayudaíta con la mía. Entre los dos nos pusimos a ver qué era lo que pasaba y como siempre me sucede era un error demasiado estúpido; simplemente había declarado mal una variable y ya, lo demás lo había hecho perfecto.

Tengo que confesar que yo soy pésimo conociendo gente nueva pero de alguna forma este pana me cayó bien. Comenzamos a hablar y me contó que es de la escuela de eléctrica y que él estaba viendo la materia en el semestre pero que iba recontra violado y por eso decidió meterla en el verano, y de paso, resulta ser que conocía a un pana que estudia conmigo y con el que estoy haciendo el proyecto de concreto de este semestre. Total que al final cuadramos para ponernos a estudiar juntos.

Ese día no nos dio chance de estudiar y al día siguiente era el primer parcial. Como pude estudié lo que pude pero no lograba que ningún ejercicio me diera perfecto. Y así me tocó presentar, resignado a que iba lanzar flechas en ese parcial.

A los dos días nos dieron los resultados y saqué 11, lo que quiere decir que esas flechas acertaron donde era; por lo menos logré aprobar y estaba dando pelea. Sin embargo, mucha gente salió excelente, de hecho el pana que conocí sacó 18 y así como él hubo muchos más y me quedó la espinita de que podía ponerle más corazón a la vaina, sobre todo porque en Compu I yo era un duro. Después de eso comenzamos a estudiar y a echarle bolas entre los dos, y la historia fue diferente.

En el segundo parcial, me activé como tenía que hacerlo desde un principio y saqué 19 (en realidad era 20 porque fue un error muy estúpido pero la profesora no me lo quiso perdonar), el pana mío sacó 20 y bueno, tengo que reconocer que el carajo era demasiado cráneo. Las siguientes tareas que nos mandaron las hice con él y antes de presentar el último parcial ya los dos habíamos aprobado la materia.

Al final el pana terminó pasando la materia con 19 (vuelvo y repito, es un sádico, de verdad que lo admiro) y yo la pasé con 16 (igual que Compu I), fuimos a celebrar con unos respectivos tercios negros y quedé convencido de que la computación es lo máximo y que al parecer se me da bien. En el último parcial, al final de la hoja le dejé un mensaje a la profesora:

“Profe, usted es lo mejor que le ha pasado a la computación, nunca olvide eso.”

Y se lo dije con toda la sinceridad y el cariño de mi alma.

De esa manera culminé el que fue el último verano de mi carrera, y de alguna manera esto es el preámbulo del final porque ya para el año que viene durante estas fechas más o menos, me encontrarán probablemente ebrio (que jode) pero enormemente feliz y celebrando con un título de ingeniero en mis manos.

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Acerca de Civilizado

Estudiante de Ingeniería Civil con varios ases bajo la manga...
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