Días de paro

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Los perversos tentáculos de la situación política que vive el país en la actualidad, finalmente alcanzaron a la universidad. El progreso, dejó de ser progreso, para darle paso al estancamiento.

¿Qué sería de mi camino recorrido hasta ahora sin un obstáculo más? Coño, creo que hasta yo me preocuparía si todo me saliera perfecto.

Esto no es algo nuevo. La universidad y el gobierno casi siempre han estado en desacuerdo, tantas veces que ya se volvió un lugar común. En las universidades públicas de Venezuela la palabra “paro” se vuelve cotidiana en el vocabulario de estudiantes y profesores. Desde que comencé esta carrera en 1875, siempre he estado acostumbrado a escuchar: “mañana hay paro”, “suspendidas las clases hasta nuevo aviso” y muchísimas variaciones de eso. Generalmente, se interrumpe el flujo de las clases por un par de días y al final todo termina volviendo a su cauce.

Es tan habitual la palabra “paro” en las universidades públicas del país, que llegó un momento en el que perdió el peso que conlleva su significado. Últimamente cuando dicen “actividades académicas suspendidas” la reacción, casi unánime en toda la población estudiantil, es de éxtasis y placer. Es Proyecto X.

Me pasó hace poco.

El día que comenzó el paro, que para ese entonces no era tan grave, tenía mi primer parcial de Estructuras II. Los profesores no sabían si hacer el parcial o no y dijeron que el día antes del parcial nos avisaban. Había estudiado algo pero no era suficiente, estaba completamente nulo, crudo y preparado para rodar por el barranco. Creo que le rogué al cielo y al universo en toda su infinitud para que no hicieran ese parcial, y ese día a las 11 de la noche un pana me manda un mensaje con las palabras mágicas:

“El parcial no va mañana”

Éxtasis. Placer. Euforia.

Y esa escalada de los sentidos no puede durar más que un par de días. Mientras dura esa escalada, te sientes ligero. El peso de los problemas se esfuma, o eso es lo que tontamente crees, ya que poco a poco te aproximas al punto de velocidad cero y tratas de evitarlo con todas las fuerzas de tu cuerpo, casi retorciéndote, porque sabes lo que sigue una vez alcanzado ese punto.

Los días siguieron transcurriendo y se llegó a un acuerdo de suspender evaluaciones (eso dependía de cada profesor), pero que las clases siguieran impartiéndose con “normalidad”. Ya para ese entonces habían dos facciones de profesores enfrentadas: los “acata paro” vs. “me sabe a casabe, yo sigo dando clase”.

Dicho acuerdo duró menos que la paz en el medio oriente ya que la protesta de los profesores se intensificó cada vez más y más, hasta que los “me sabe a casabe, yo sigo dando clase” fueron desertando poco a poco.

Y entonces se formó el gran bando “ahora sí me arreché, me pagan mi mierda o el grandísimo coño de tu madre es el que va a regresar a dar clases”. Desde ese entonces una de sus primeras medidas como bando unificado, fue aportarle una compañera a la palabra “paro” una palabra que deterioró más el estado de las cosas: “indefinido”.

Paro indefinido.

Descenso. Estrépito. Velocidad final = Velocidad del sonido.

Sé que pareciera que estoy criticando a los profesores, pero déjenme aclarar mejor ese punto. La verdad verdadera es que entiendo y simpatizo con su causa.  Por desgracia el gremio de profesores en este país ha sido ninguneado, ha sido maltratado y menospreciado a lo largo de estos últimos años. En Venezuela está ocurriendo una especie de revolución inversa a nivel educativo, y el absurdo salario de los profesores es apenas una de las aristas de ese gran problema.

Ellos buscan el diálogo y quieren una reivindicación más que justa por su trabajo, pero el gobierno los trata como guarimberos.

Y en medio de todo eso estamos los estudiantes. Algunos obtusamente felices por estas vacaciones forzadas y otros esperando que todo acabe.

Ya está por cumplirse casi un mes del paro indefinido y para mí es una novedad todo esto, ya que los paros que he vivido hasta ahorita no han durado más de una semana. Pero esta vez el asunto es serio y personalmente me preocupa. No puede ser que cuando estoy casi en la recta final de la carrera y ansioso por culminar de una buena vez esta etapa de mi vida, y pasar a lo que sigue, la aleatoriedad de la vida y el universo se caguen en mí de esta manera.

Trato de armarme de una paciencia de hierro, trato de ser Iron Man pero el paro continúa, las protestas siguen, el gobierno permanece casi inmutable y a su vez mis niveles de frustración aumentan.

Es una situación que lamentablemente se escapa de mis manos y lo único que queda es esperar. Siguen los obstáculos. Una raya más pa el tigre como dicen por ahí, pero he aprendido que tengo que ser paciente, aunque si las cosas siguen así, no se asombren si se me sale el American Psycho que llevo por dentro.

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Acerca de Civilizado

Estudiante de Ingeniería Civil con varios ases bajo la manga...
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