La Victoria y el Orgullo Topográfico (Parte I)

Siempre me han gustado las historias de personajes que, contra viento y marea, salen victoriosos al final. Cuando comencé a ver Topografía no sabía que esperar, y mucho menos cuando quedé con la profesora que según la opinión de la gran mayoría, es la verduga de la materia. Luego de presentar el primer parcial, en mi mente podía visualizar los rostros condescendientes de todas las personas que me advirtieron sobre todo lo que me esperaba.

Podía escuchar un coro de personas diciendo “te lo dije, gafo”.

Pero como pasa en las películas, como pasa en la vida, y también en TNT, había que seguir adelante. Mi meta era por lo menos pasar el laboratorio, ya que es la parte más complicada y que te succiona la vida con el proyecto final.

En esta facultad hay profesores muy sabios, tipos con experiencia en el campo, que te dicen que lo importante en esta materia es aprender las nociones básicas y entender cómo se realiza un levantamiento topográfico, ya que al final del día ese es un trabajo que muy pocas veces lo hace un ingeniero civil. El que se va a encargar de ese trabajo es un topógrafo al que se le paga que jode, vale destacar.

Tengo panas a los que les tocó trabajar en zonas no tan extensas, con poligonales de hasta 3 (¡¡¡T-R-E-S!!!) vértices, todos tomados de la mano, cantando canciones bajo el sol y felices como lombrices.

Algunos hasta trabajaron con Estación Total, que para los que no sepan es un aparato que hace el mismo trabajo que un teodolito solo que este aparato te arroja cálculos instantáneamente y no tienes que andar como un esclavo tabulando datos, es decir que es mucho más cómodo para trabajar. Es tan arrecho el aparato que lo único que le falta es un botón para que te limpie el cuarto.

Pero ya es hora de dejar de hablar de esos panas y de su película con final feliz de Disney. Esta es una historia de sangre, sudor y lágrimas. Es una historia de roncha. Es la secuela que El Exorcista hubiese querido tener.

Mi profesor de laboratorio tenía como una especie de interruptor. Es un interruptor al que llamaré Interruptor de Bastardez.

Por ejemplo, la primera clase del teodolito.

El tipo en lugar de explicarnos con calma, el proceso de montar el teodolito, ya que muchos estábamos viendo la materia por primera vez, y es un proceso un poco tedioso, decidió pasarse dicho interruptor, y sin decir mentiras duró como unos 5 minutos explicando cómo montar el teodolito y se fue al carajo a revisar su teléfono.

En mi pueblo a eso le llaman “si entendiste, bien, y sino te jodiste”. Cuando uno iba a pedirle ayuda prácticamente había que cazarlo como a un venado, porque el carajo nunca estaba cerca. A la final los de mi sección aprendimos a montar el teodolito porque nos convertimos como en una especie de comunidad del anillo, y nos ayudábamos los unos a los otros.

En cuanto a la teoría, presenté mi segundo parcial, y los ánimos los tenía por el piso, pero cuando vi la nota casi hice una fiesta como la de Proyecto X. Lo había pasado y tenía chance de pasar con la famosa verduga.

Todo iba marchando lento pero seguro, sin embargo todavía no había comenzado la pesadilla del proyecto, hasta que un caluroso día de primavera nos asignaron finalmente nuestro proyecto y…

Así quedé cuando vi el proyecto que me tocó

Ese día descubrí que el tipo tenía otro interruptor, pero este interruptor era tan clandestino que no todos lo podían ver. No sé, me imagino que lo tenía escondido en el culo o una vaina así. A ese interruptor lo llamaré “Mis amigos son choros y la vida de los demás no me importa una mierda. ¡Púdranse!”

El carajo nos asignó una zona de aproximadamente unos 150 metros y la poligonal tenía 7 (¡¡¡S-I-E-T-E!!!) vértices. Nos dividió en 3 grupos y cada grupo tenía que levantar 2 vértices de la poligonal, y el que terminara de primero tenía que levantar el último vértice. Por cada vértice había que levantar como mínimo 60 puntos y todo era con teodolito, es decir que había que pararse con la mira en cada punto (a veces con un solazo digno de Maracaibo) y el que operara el teodolito tenía que leer el ángulo horizontal, el ángulo vertical, el hilo superior, el medio y el inferior. Con mucha paciencia había que tabular todos esos puntos para después calcular las distancias y coordenadas, de manera que eso se pudiera utilizar en AutoCAD para elaborar la planimetría y la altimetría.

A pesar de que éramos 3 grupos todos teníamos que entregar el mismo proyecto, es decir que había que buscar los puntos que levantaron los otros grupos y pedirles sus croquis. Esto resultó ser una tremenda cagada, porque cada grupo tenía su manera de trabajar y a veces era arrecho entender qué era lo que había dibujado y escrito el otro grupo.

Así fue como comenzó la pesadilla y las cosas no pintaban nada bien.

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Acerca de Civilizado

Estudiante de Ingeniería Civil con varios ases bajo la manga...
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3 respuestas a La Victoria y el Orgullo Topográfico (Parte I)

  1. Alita Pinketa dijo:

    Si te hace sentir mejor…. mi proyecto de topografía también fue una maldición gitana! Sin embargo, tenía un compañero que fue mi Ángel de la Guarda. Pasa esa porquería y ya!

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