El evento que lo cambió todo (Parte I)

Esta entrada es la continuación de la anterior: “El muchacho que nunca quiso estudiar Ingeniería”, así que si no la has leído, deberías empezar por allá. Sino que carajo importa, empieza por aquí.

Tengo que confesar que me inspiré demasiado y esta entrada me salió más larga de lo que esperaba, por eso voy a dividirla en 2 partes.

Después de varios contratiempos comenzó una nueva etapa en mi vida, la etapa universitaria. A pesar de que no me apasionaba la idea de estudiar ingeniería, tenía expectativas bastante altas, pero desde un principio la realidad y las expectativas se convirtieron en polos opuestos. Por una parte estaba todo lo que yo imaginaba en mi mente acerca de la universidad y de cómo iba a transcurrir y por el otro estaba la cruda realidad de que nada era como yo lo imaginaba.

El coñazo fue fuerte.

Mi primer semestre estuvo marcado por el fracaso académico. Pasé de ser el tipo que nunca en su vida había raspado una evaluación a ser el tipo al cual raspar le era moneda común. Pasé de ser el tipo que nunca en su vida había ido a una reparación, al tipo que fue a una reparación y salió más raspao que rodilla e chivo. Pasé solamente 2 materias, y eran las que no tenían que ver con números. Aunque no todo fue malo, conocí gente bien de pinga y me gustaba estar en la facultad.

Pero eso no evitó que me consumiera la frustración y que me sintiera como un gran fracasado. Me sentí tan derrotado que ni siquiera quise hacer verano. En mi mente lo único que pensaba era en retirarme. Cuando le dije esto a mi mamá, su reacción no podía ser otra que “El Exorcista: Cuarenta años después”. Mierda, creo que nunca había visto a mi mamá reaccionar de esa forma, sentí que de pana en algún momento la cabeza le iba a dar vueltas y me iba a escupir vómito verde.

Después de amenazarme con que me iba a tener que vivir debajo de un puente si seguía con esos sueños de fuga, me dijo que, coño, no podía tirar la toalla de esa manera, que ella entendía mi frustración pero que no me podía rendir tan fácil. Que al principio cuesta, pero luego se avanza.

Y así regresé a la universidad con la mente más despejada y dispuesto a comenzar de cero, pero la historia a veces se empeña en repetirse y eso fue lo que ocurrió. No veía luz en Geometría, me tocó con un profesor tan basura que la tuve que retirar. En Análisis comencé a entender todo pero eso no se reflejaba en mis notas. La vaina era cero por aquí, cero por allá… cero mata cero.

¿Se acuerdan de la gente bien de pinga que conocí el primer semestre? Resulta que ya no se acordaban de mí o mejor dicho, se hacían los locos cuando me veían. Después me di cuenta que eso es algo tan común en esta facultad que ya después de un tiempo uno se acostumbra y lo ve como algo normal.

Una vez más me sentía desesperado y frustrado. Me sentía como un completo fracasado. Buscabas perdedor en el diccionario y aparecía mi nombre con foto y todo. En mi mente lo único que pensaba era en retirarme e irme pal quinto coño y olvidarme de todo. Pero por supuesto no podía.

No tenía ánimos de vivir debajo de un puente.

Entonces caí como en una especie de piloto automático. En algún momento pude pasar Análisis I y en otro Geometría, pero nada me importaba. Me mantenía en movimiento por inercia. Y hablando de inercia, después comencé a ver Física I y esa materia me recuerda al lugar caliente gobernado por un señor con cuernos. Esa materia me recontra pudrió la vida.

Los niveles de frustración y de abatimiento eran cada vez más estratosféricos.

Un día se me ocurrió hablar con mi papá sobre mis ganas de retirarme de ingeniería, pensando que iba a encontrar entendimiento y quizás un poco de compasión. Pero su reacción fue aún peor que la de mi mamá. Fue tan arrecha la vaina que duramos meses sin hablarnos.

Comencé a sentirme como el ser más incomprendido del planeta. Ahorita que lo pienso parecía el propio emo, ¿dígalo? Recuerdo que yo comencé esta carrera pensando que me graduaba rápido, y después veía qué coño hacía con mi vida, pero resulta que los títulos de ingeniero no vienen en cajas de Corn Flakes.

Llegó un momento en el que simplemente me arreché con tanta raspazón y fracaso y ahí fue cuando decidí que iba a presentar la prueba de Idiomas Modernos. Y en la ULA de paso. Estaba dispuesto a comenzar desde cero con todo. Mi papá y yo hicimos las paces y me dijo que estaba dispuesto a apoyarme en mis decisiones y mi mamá un poco más reacia a la idea (ya que no quería que yo me fuera tan lejos) también decidió apoyarme.

Contra viento y marea me fui a Mérida y presenté la prueba. Mientras daban los resultados tuve que comenzar otro semestre más en ingeniería, ya que no quería retirarme hasta no tener algo seguro. Y así comenzó un semestre más de frustración con Física I y por supuesto con Análisis II también.

En esas fechas mi mamá comenzó a sentirse un poco mal y cuadró cita con el doctor para ir a hacerse unos exámenes a Caracas. Por otra parte, ya habían salido 2 listados de la prueba de Idiomas Modernos y yo no aparecía en esos listados.

Nada salía como lo esperaba…

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Acerca de Civilizado

Estudiante de Ingeniería Civil con varios ases bajo la manga...
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